Implicancia para los pueblos americanos de la celebración del V centenario desde la llegada de los europeos a América
La conmemoración del V centenario de la llegada de Colón a América, permitió que muchos pueblos amerindios se confrontaran consigo mismos y con los criollos provocando inquietud en los gobiernos por las rivalidades étnicas y disputas político económicas que pudieran acarrear, pues estaban en juego las relaciones entre los Estados y los modelos de aquellos, heredados del viejo mundo con quien el nuevo mundo ha establecido relaciones de dependencia y servicio a los intereses metropolitanos; por ello, el tema indígena no se abordó allí con plena libertad; surgieron distintos discursos desde la declaración de resistencia hasta la que celebra la evangelización, como ocurre en República Dominicana, siéndole indiferente lo que ello significó al pueblo precolombino, el exterminio; oficialmente celebra el 5º centenario con el tema del catolicismo, haciéndola prácticamente religión de Estado, cuando es este mismo quien garantiza libertad de cultos; subyace aquí la convicción de la superioridad blanca. Reivindicar las raíces hispánicas no debe identificarse con el olvido ni considerarse católico puede justificar los crímenes cometidos. España tuvo una visión más globalizante, interesándose en las consecuencias actuales de los hechos de 1492; por primera vez reconoce oficialmente que su empresa colonial no fue necesariamente beneficiosa y que la cultura hispánica no es o no era necesariamente superior a la indígena, sin embargo, manifestó cierto temor al renacimiento de la tradición indigenista, puesto que su idea iba más por el lado de actuar (reivindicaciones y enjuiciamientos). México fue el país que preparó el programa conmemorativo más complejo y mejor fundado, pues lo sitúa en el espíritu de las instituciones y de la política nacional, interpretándolo desde allí, tendía a insertar a México en la comunidad de naciones desde una especificidad americana, propuso incentivo a la coordinación latinoamericana y aprovechar el interés internacional para dar a conocer sus valores artísticos desde sus raíces precolombinas hasta sus expresiones más contemporáneas; esta política es fruto de una concepción histórica continuista que parte desde antes al desembarco de europeos, al calor de la resistencia indígena y más tarde antiestadounidense, reivindica su carácter nacional original, donde lo indígena forma parte de los valores patrios de un pueblo independiente y moderno; y el mestizo es un hombre completo y contemporáneo.
Por la incomprensión de América, cimentada en la mirada simplista de concebir las culturas americanas resultado de un origen indígena y europeo (y africano, etc.); ante la heterogeneidad de formas con que se entiende América, es imposible obtener una concepción global. Pero, la americología no se propone averiguar la verdad de las realidades o la verdadera América, sino que concienciar y develar las estructuras mentales utilizadas para su comprensión.
Se necesita superar la metafísica esencialista y el etnocentrismo que se hallan ancladas en casi toda la historiografía del continente y la confusión entre historia universal y eurocentrista. La americología niega todo privilegio a la conquista y ocupación española, obtiene así el reconocimiento de la cultura de los pueblos precolombinos anteriores a 1942, como perteneciente a la historia universal; esto impide jerarquías y teleologías históricas. Probablemente nunca hubo “un” tipo de indio americano, ni la conciencia en aquel de pertenecer a una unidad geográfica-racial más allá de las culturas regionales. El indio y su memoria han sido sistemáticamente transformados; lo que queda es sólo el remedo de algo que sólo se conoce parcialmente y en relación, casi siempre desventajosa, con el blanco.
La búsqueda de la esencia americana, sólo da con un origen que no lo es, que es representación, principio epistemológico o punto de partida del discurso histórico, pero que no forma parte de la historia…América es netamente conceptual.
Toda historiografía y mitología no son más que sistemas explicativos, formas de aplacar la angustia que genera la necesidad de dar fundamento a la existencia. Pero, la vida y la historia carecen de fundamento apodíctico…A partir de aquí, puede establecerse la igualdad a priori del género humano.
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